miércoles 4 de noviembre de 2009

Extractos no tan abstractos al tacto

Como si fuera rutina el hombre de barriga prominente desabotona su camisa a cuadros y se prepara para el desafio. Su adversario no pasa de los 60 Kg. y sus ojos saltones evidencian una alimentación carente de los nutrientes adecuados. Cuando al fin se encuentran cara a cara dan inicio el intercambio de insultos, trompadas, patadas y un poco de saliva. Caen de a turnos al suelo cubriéndose de lodo. Tras cinco minutos furiosos de pura adrenalina la riña llega a su evidente desenlace. Unos de los hombres comienza a llorar.

Silvia se desviste puntillosamente. Quita una a una sus prendas y las acomoda delicadamente sobre la silla ubicada al lado del lavamanos. Comprueba que el agua esté caliente y se sumerge en la tina de baño heredada de su abuela. Mientras su cuerpo se vuelve liviano entre las sales y las burbujas comienza a llorar desoladamente. Piensa que no sabe por que. Acto seguido, todo se vuelve la misma cosa, vapor.

La música suena de fondo y me hace profundizar. Las voces en otras lenguas terminar de decorar el paisaje sonoro del lugar. La ventana se rinde ante la nieve. Como ya me es habitual en este ultimo tiempo me encuentro en silencio y escribiendo. Para ser sincero hacer tres años que no me afeito y un año y medio que no me cambio la ropa. No por que no quiera, sino por que no puedo.

Una persona cualquiera se prepara un café. Escoge unas galletas y se acomoda en su sofá preferido. Escucha plácidamente como la lluvia golpea sobre su techo mientras descubre una por una las páginas del último libro que le prestaron. Lee. Se sumerge. Comienza a llorar.

3-11-2009 Brasov, Rumania

Idolos vs. Pequeñas cosas

"Como me gustaría volver a escuchar aquella canción que nunca mas volví a bailar"

Se encontraron los ídolos y las pequeñas cosas. El concierto de melodías sin salidas y la euforia de los días muertos. La reunión prometía y en el aire se respiraba grandeza. Los ídolos se impusieron de ante mano alegando que por ser ídolos deberían ser reyes. Sus voces sonaban cual trombón, profundas, imponentes. Los ademanes evidenciaban la arrogancia pre-meta. Reían y bebían. Algunos parecían volar. Se agrupaban dando la espalda al resto, al mundo.
En contrapartida el bando de las pequeñas cosas permaneció silencioso, invisible, más pequeño que nunca. Esperando.

2-11-2009 Brasov, Rumania

Espera (la)

No hacia otra cosa que esperar. Habían pasado 15 años desde la última vez que había salido de su casa. Se pasaba el día entero sentada en el sofá a la expectativa. Como un trabajo, desde las 7 de la mañana hasta las 9 de la noche. Solo descansaba para un almuerzo rápido y para tomar un te de tanto en tanto. Cuando la familia le insistía para que saliera a tomar un poco de aire fresco o dar un paseo por el barrio, ella se negaba rotundamente aludiendo que no podía arriesgarse a que lo que ella estaba esperando llegase justo cuando no estaba en la casa. Cuando alguien le preguntaba que era lo que tanto estaba esperando, ella regalaba silencio. Cuando le volvían a preguntar, ella regalaba ausencia.
El hogar era sencillo. Un solo piso, dos habitaciones, un baño, una pequeña cocina y un comedor adornado con algunos cuadros en serie y con muebles viejos completos de los típicos adornos que las personas te regalan cuando no saben que regalar. Lógicamente, como la señora en cuestión tenía un trabajo "full time", todos los componentes de la vivienda se hallaban escondidos bajo una cubierta de polvo que le otorgaba al lugar un aspecto milenario. De su ropa no hay mucho para decir. Una pollera marrón hasta las pantorrillas, una camisa blanca abotonada hasta el mentón y un sweater beige. Se podría decir que estaba a la moda, pero la de hacia 15 años atrás.
El invierno había llegado (o nunca se había ido) Ella, como de costumbre, se encontraba amoldando los cojines del sillón. Decidió que era un buen momento para tomarse un te de Boldo. Se dirigió a la cocina. Encendió el fuego en la hornalla, puso el agua a calentar y fue cuando estaba buscando la lata de tes que lo sintió. En sus entrañas primero. Luego en todo su cuerpo. En ese momento fue consciente de que lo que tan anhelosamente había esperado finalmente había llegado. Para quedarse, para siempre.
María marta Rosenda Funes de Gabriele fue enterrada un día frío y lluvioso junto a la tumba de Roberto Reinaldo Gabriele. Algunos todavía se animan a preguntarse que era lo que María tanto había estado esperando. Obviamente nadie lo dice en voz alta.

2-11-2009 Brasov, Rumania

La típica historia de atípico amor de un hombre con futuro perdido en Transilvania

No creía en los cuentos de amor hasta que me devolvieron mi cara de romántico. Siempre me consideré el clásico tipo de persona que va rumbo a la nada, a la vida sin goce. Hoy puedo decir con firmeza que pocas veces me equivoco.
Son las 2 AM en Brasov, Rumania. Voy camino a mi hostel. La nieve no me permite ver mis pies y ahora son dos las partes de mi cuerpo que se volvieron invisibles: los mencionados pies y mis ojos (difícil ver con los ojos invisibles ¿no?) Me paso lo días enteros planificando mi vida para los próximos 20 años (no más) Lo divertido (si así se puede presentar) es que organizo empezando por el último de los 20 años y luego me voy acercando (y sólo acercando) al presente. En realidad y para ser sincero siempre llego hasta el año 10 aproximadamente. Por lo tanto vivo de la fantasía. Soy un campeón de Formula 1 que no sabe andar en bicicleta. Soy un magnate millonario de mil negocios que aun no tiene un billete en el bolsillo. Si me preguntan, llevo una vida de éxitos aunque no tengo vida.
Para no dispersarme me gustaría retomar el asunto que mencioné con anterioridad acerca de que no creía en cuentos de amor y ahora si. Lo que pasa (o lo que pasó) es que realmente me daba por las pelotas ver las novelas de la tarde o las películas en que todo parece imposible y al final (y siempre) el más lindo se queda con la más linda (a veces hasta tienen hijos) Para mi siempre fueron pelotudeces para las señoras mayores que no salen de la casa y para las adolescente vírgenes con fame dell' uomo. En fin, la cuestión es que hace unos días me sucedió algo que, como bien dije, me devolvió mi cara de romántico.
Me encontraba a la vera de un tren de mala muerte con dirección Estambul-Bucarest. El viaje duraría algo así como 20 horas así que hice el esfuerzo y me pagué un camarote para poder dormir cómodo durante aquella travesía. Dicho camarote presentaba tres camas dispuestas una encima de la otra. El primero en entrar fui yo. Me acomodé en la cama inferior y me digné a esperar y tener la suerte de viajar solo (lo cual es preferible por que nunca se sabe con que loco te puede tocar) Faltando diez minutos para la salida y en contra de mi voluntad, entraron dos personas. Un hombre y una mujer (una pareja). Nos saludamos cordialmente y cada uno se preparó como mejor pudo para enfrentar el largo trayecto. Supongo que habrían pasado treinta minutos de viaje cuando el traqueteo de la maquina sobre la vía me durmió.
Abrí los ojos como queriendo volverlos a cerrar. Fue imposible volver a conciliar el sueño. Ya estaba despierto. La ventana se perdía en la noche. Me sumergí como de costumbre en mis ideas "anti-corto plazo" cuando lo oí. El sonido vaivén de la litera superior a la mía. "Crii-Crii, Crii-Crii...” Una y otra vez durante largos minutos. En primera instancia probé hacer como si nada sucediera. Luego me pareció divertido seguir el ritmo del sonido. Posteriormente me pareció música. Al final ya tenia ganas de bailar. Sigilosamente salí de mi cama y "como quien no quiere la cosa" me paré. Dudé un segundo y luego coloqué una de mis manos sobre la nalga de la mujer. Ella me miró pero no dijo nada. Como queriendo entrar en confianza acomodé mi otra mano sobre uno de sus senos. Ella cerró los ojos y con su mano izquierda comenzó a acariciarme. la respuesta de él no se hizo esperar. De un modo muy amable y varonil me invitó a danzar con su mujer. Gracias a Dios su orientación sexual estaba definida hacia un sólo bando así que no hubo ningún inconveniente en "partir y compartir" y viceversa. Me sentía en mi plenitud, rebalsando de dadivosidad y de dulzura. Una historia de amor digna de un film taquillero. Mi propia historia de amor (y que nadie se atreva a cuestionar que es el amor para mi) Así, las horas y las manos pasaron y pasaron. Cuando la mañana nos devolvía la ventana estaba ya tan exhausto que me quedé profundamente dormido (no tuve opción)
Me desperté temblando del frío. La habitación de aquel albergue en Brasov no se parecía en nada la típica cabaña cálida de montaña nevada que se puede apreciar en las publicidades de chocolates o licores. El recuerdo de lo recién vivido me hizo reflexionar acerca de cuan exitosa puede llegar a ser mi vida dentro de 10 o 15 años aunque aun sigo perdido entre las montañas de la Transilvania rumana sin bicicleta ni un euro en el bolsillo.

30-10-2009 Bucarest, Rumania

Atareada Moraleja

Todos se miraban y me decían que no lo podían creer. Algunos reían, otros quedaban en silencio. Otros no se movían. Yo no tomaba real dimensión de lo que acontecía así que por lo tanto me divertía superficialmente mientras esperaba la hora de irme a la cama.
La señora de pelo raro no dejaba de acariciarme el cuello. Al principio me pareció divertido pero con el correr de las horas me empezó a dar la sensación de que la situación se tornaba siniestra o bien molesta. Para ser sincero ya me había aburrido un poco de todo ese embrollo así que disimuladamente agarre un vaso, le puse un poco de whisky y me escape al balcón. Cerré la ventana detrás de mí y por fin pude ver el silencio. Ya era de noche por lo tanto el mar solo se escuchaba. Pasado unos minutos me encontraba con mis pensamientos en lo mas profundo de mi cuando una mano me tomo por el cuello. Mi reacción lógica fue dejarme caer al piso. Una vez derrumbado sobre las baldosas de granito pude ver al dueño de la mano (que aclaro, no era la señora del pelo raro) Supongo que fue por el olor de la ropa que decidí no respirar. Me levante suavemente del suelo sin dejar de ver directamente a los ojos al portador de "la mano". Este me mostró nuevamente sus cinco falanges. Eran gordos y peludos. Uno de ellos tenía un anillo con diamantes. Otro tenia una uña negra. Me sonrió. Luego me mostró como cerraba la mano hasta transformarla en un puño. Luego me enseño como ejecutar una trompada. Luego no me acuerdo más.
Desperté muy molesto y con unas ganas increíbles de tomarme un café y comer algo. Me levante de la cama y fui directamente a la cocina. Allí estaba el, como todos los días desde hacia mil años. A esa altura ya odiaba su cara y por sobre todas las cosas su mano. Ese día en particular no lo quise saludar entonces me quiso enseñar como ejecutar una trompada en las costillas. Obviamente yo le enseñe como eludirla. La realidad es que ya éramos maestro y alumno de ida y vuelta. Todo el tiempo enseñando y aprendiendo. Un día el me enseñaba mucho y otro día el aprendía un poco. No se cuanto duro toda aquella odisea pero tampoco quiero saberlo. Basta.
Todo lo relatado forma parte del pasado. Ahora es presente y por cierto hace mucho frío. Dicen que va a nevar. Lo anecdótico de aquellas vivencias es que todos los días se "aprende" algo nuevo. Esta en uno saber "enseñar"

29-10-2009 Bucarest Rumania

Del barro

Te venias a tropezones mientras me pedías tierra. No sólo te di tierra sino que también te regalé agua. El degradé apabullante de tus principios fue puro final y te debatiste entre sabanas y mesas de bares. Un tiempo después (y no muy tarde) me gritaste a modo de ley de último recurso, quizás buscando seguridad o compasión. Entonces tu tierra se hizo barro y de tu barro me quedé con el agua. Así limpié uno de mis ojos mientras tu piel se quebraba inerte.
Ya no se si hoy queda rastro de ese barro o aquella agua. Parece que todo es aire y bien sabemos que en el aire las hojas vuelan sin un sentido estricto. Libres

21-9-2009 Cala Bona, Mallorca, España

Sin rodeos

Lo cansino que se desabotona ante la incorruptible fundamentación de ir menos acá y por lo tanto más allá. El glorioso segundo en que por fin (y de una buena vez por todas) tomás las riendas riendo y palanqueás la primera rueda de un monstruoso tren. La inercia se encarga del resto. Ahora te encontrás moviéndote (más por dentro que por fuera) y te sentís estrafalariamente raro cuando no estás sintiendo otra cosa más sencilla que felicidad. Y ahora la pregunta final: "¿Por qué convertimos en universo lo más simple de la vida?"

18-9-2009 Lisboa, Portugal